A pesar de que no es nada nuevo, con la crisis que asola a medio mundo, son muchas las personas que días tras día se van sumergiendo en lo que los expertos conocen como “síndrome del desempleado”.

Seguramente que muchos de ustedes vean en este artículo reflejadas sus propias circunstancias.

La primera fase es la que los psicólogos denominan “fase del optimismo”, en el momento en el que nos quedamos en paro, lejos de lamentarnos, ideamos iniciativas y planes como viajar, apuntarnos al gimnasio, estudiar un idioma… Esta fase no dura mucho.

Pronto empezamos a darnos cuenta que encontrar un trabajo no era tan fácil como pensábamos. Acudimos a todos nuestros contactos y amigos, enviamos nuestro currículo a todas las empresas habidas y por haber, nos pasamos el día buscando de un lado para otro, y los días son muy pero que muy largos. Dejamos de salir por miedo a gastar los pocos ahorros que tenemos. En fin, entramos en la segunda etapa, la conocida como “obsesiva”, durante la cual el desempleado se encuentra cara a cara con la realidad. Los síntomas que comienzan a emerger durante las mismas son insomnio, ansiedad, depresión…

Finalmente entramos en un estado de apatía o acomodamiento, la tercera fase, de la cual en ocasiones es más complicado salir. Para que os hagáis una idea, es la típica imagen de un parado que se pasa el día tirado en el sofá delante de la tele, o aquel otro que lo único que hace es jugar a las cartas con sus amigos. En cualquiera de los casos, el sujeto comienza a aislarse de su familia e incluso puede llegar a tener problemas con el alcohol. Se trata de personas que llegan a tirar la toalla porque se ven desbordadas por la situación en la que viven, sintiéndose incapaces de superar esa amarga sensación de fracaso.